lunes

PARA PENSAR

Cortázar dijo que la coma era la puerta giratoria del pensamiento. ahora bien, contemple esta frase: Si el hombre supiera el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda.
Si usted es hombre, pondrá seguramente la coma después de la palabra "tiene", si es mujer, doy por sentado que la pondrá luego de "mujer".
Una pequeña rayita, a veces puede cambiarlo todo.

sábado

un poco de cine


CINE

“Cortísimo metraje“ de Julio Cortázar

Automovilista en vacaciones recorre las montañas del centro de Francia, se aburre lejos de la ciudad y de la vida nocturna. Muchacha le hace el gesto usual del auto-stop, tímidamente pregunta si dirección Beaune o Tournus. En la carretera unas palabras, hermoso perfil moreno que pocas veces pleno rostro, lacónicamente a las preguntas del que ahora, mirando los muslos desnudos contra el asiento rojo. Al término de un viraje el auto sale de la carretera y se pierde en lo más espeso. De reojo sintiendo cómo cruza las manos sobre la minifalda mientras el terror poco a poco. Bajo los árboles una profunda gruta vegetal donde se podrá, salta del auto, la otra portezuela y brutalmente por los hombros. La muchacha lo mira como si no, se deja bajar del auto sabiendo que en la soledad del bosque. cuando la mano por la cintura para arrastrarla entre los árboles, pistola del bolso y a la sien. Después billetera, verifica bien llena, de paso roba el auto que abandonará algunos kilómetros más lejos sin dejar la menor impresión digital porque en ese oficio no hay que descuidarse.

¿Qué es lo que hace un director de cine? Narra una historia, visual y auditivamente, a eso se lo llama realización. El montaje es su principal herramienta y es los novedoso que aporta el cine al resto de las artes. Por esto se lo considera “el séptimo arte”, junto con la música, la pintura, la arquitectura, la danza, la escultura y la literatura.
Forma y contenido son parámetros comunes a todas las artes, y que también se encuentran presentes en el cine. Si observamos la forma en la que el director colocó la cámara, cortó la imagen, ubicó las luces, estaremos en presencia de su manera de valerse de la forma. Si observamos cómo se desarrolla la historia y entendemos que nos quiere contar, estaremos atendiendo al contenido. Por supuesto que no hay una separación tajante entre estos dos planos.

1. Un poco de lenguaje Cinematográfico.
Para comenzar su trabajo el director posee la cámara de filmar, que desde el comienzo se colocó a la altura de los ojos o sobre el trípode.

Las posiciones de la cámara más comunas son:
TRAVELLING: desplazamiento de la cámara con su eje, sobre rieles, el piso o cámara en mano.
PANORÁMICA: o paneo, rotación de la cámara sobre su propio eje.
COMBINADOS: ambos movimientos citados en una misma toma.

Las angulaciones de la cámara más frecuentes son:
APLOMO: la cámara apunta perpendicularmente al suelo
PICADA: ángulo que mira el objeto desde la altura de los ojos hacia abajo
NORMAL: angulación a la altura de la cabeza
CONTRAPICADO: capta el objeto desde abajo de la altura de los ojos hacia arriba.
SUPINA: la cámara apunta perpendicularmente hacia el cielo.

Los tamaños del plano varían según cuánto de aleje la cámara del objeto filmado.
Plano general
Plano entero
Plano americano
Plano medio
Primer plano
Primerísimo primer plano
Plano detalle

Por último podemos decir que existe una gramática del cine, es decir, una relación entre elementos más grandes y más pequeños.
El fotograma es una sola de las fotografías que componen la película, cuando pongo pausa en el DVD, en pantalla obtengo la visión de un fotograma. Los fotogramas encadenados dan sensación de movimiento por un efecto óptico.
La escena es uno o varios fotogramas filmados ininterrumpidamente.
La secuencia es una o varias escenas filmadas con la misma unidad de espacio y/o de tiempo.
Podemos decir que el fotograma equivale a la palabra, la escena a la oración y la secuencia al párrafo en un texto escrito. Si junto todos los párrafos, las secuencias, obtengo el texto completo, es decir el film.

La transición entre una escena y la otra, algo así como los signos de puntuación del cine, puede realizarse de muchas maneras y provocando diversos efectos.
FUNDIDO: del negro o hacia el negro, es cuando la imagen se clara o se oscurece.
FUNDIDO ENCADENADO: la imagen de una toma es reemplazada lentamente por otra sin que la pantalla llegue a negro.
CONGELADO: detenemos la imagen en un fotograma
FUERA DE FOCO: la toma sale de foco, o vuelve a él.
VUELTA DE HOJA: efecto similar a pasar una hoja, centrifugado, ondulaciones efecto agua, etc.
SOBREIMPRESIÓN: coexisten dos imágenes a la vez, por ejemplo en los títulos.
SOBREIMPRESIÓN MÚLTIPLE: coexisten tres o más tomas a la vez
IMAGEN PARTIDA: división de la pantalla para colocar en cada sección una toma diferente.

2. El guión cinematográfico.

Existen diferentes formas de efectuar la notación del relato a ser filmado.
El guión literario contiene la historia completa con sus acciones y diálogos formateado a dos columnas. La columna de la izquierda muestra lo que se va a ver, y la de la derecha lo que se va a escuchar. A su vez, cuando se cambia el decorado se traza una separación y se subtitula con número de secuencia, lugar, y si se trata de día o noche. Este tipo de guión se llama guión literario a la americana. El guión literario a la europea, o libro cinematográfico, tiene los parlamentos a mitad de la página para identificarlos rápidamente.

El guión técnico es la transcripción del literario al que se le agregan los elementos técnicos y de lenguaje, como división en escenas, tamaño de planos, posiciones de la cámara, etc.

El Story board es donde se ven en forma de dibujos, como un comic, todas las escenas para poder prever lo que se verá y cómo.

3. La estructura dramática.
El relato del cine adopta desde sus inicios una estructura muy similar a la de la literatura. Esto se lo debemos a Aristóteles que decía que el relato es como un ser vivo, nace, crece y muere; de aquí derivan las estructuras más clásicas. Aunque el cine moderno experimenta con la fragmentación y el quiebre de la historia, y aún con la no historia.

PRESENTACIÓN
-Contexto
-Personajes
-Acciones
-Conflicto
Tiempo y espacio de la acción
Protagónicos, secundarios, episódicos
Con el entorno, con otro personaje o consigo mismo

DESARROLLO
-Elemento Desencadenante

-Hilo conductor

Escena clave donde se desencadenan acciones que aceleran la trama
Subconflictos que refuerzan el conflicto y punto de giro, novedad que renueva el interés por la trama
DESENLACE
-Clímax

-Epílogo

Punto cúlmine en la lucha del personaje, se llega a la máxima tensión
Evaluación final, moraleja, cierre de todas las historias.

lunes

recomendaciones para el lector

Homero, el gran poeta de la antigüedad, dijo "las palabras son como las abejas, tienen miel y aguijón". así que la idea de este blog es que podamos disfrutar de lo que leemos y escribimos, pero tambien entristecernos, perturbarnos, detenernos en la carrera diaria para decir "esto no se me había ocurrido", o sorprendernos al ver que alguien ha escrito y pensado lo mismo que nosotros. Un hermano en el papel.
Ya lo sabían los bomberos incendiarios de Fahrenheit 451, los que leen se entristecen, porque el que piensa sabe que el mundo está lejos de ser perfecto, y cuando comprende que la perfección es posible, empieza para él un camino extraordinario. El hombre es, después de todo, un ser que se define por sus aspiraciones.

martes

Libros y armas

"Una de estas dos niñas está sosteniendo algo que, para proteger a los niños, está prohibido en Estados Unidos"

(La respuesta es el libro Caperucita Roja que está prohibido en algunas zonas de EEUU). Polémica campaña de las madres Estadounidenses para reclamar más control sobre las armas.

miércoles

Savater. Fragmento de ensayo

Savater, Fernando. Fragmento del discurso con motivo de su Doctor Honoris Causa en la Univ de Caracas.


La ignorancia a la que se refiere Galbraith no creo que sea simplemente la ignorancia del que ignora un dato, una noticia, eso nos pasa a todos: no sé quién es el padre de Fulanito, o qué cabos hay en el extremo norte de Alaska. Creo que la ignorancia a la que se refiere Galbraith es la ignorancia de esos valores necesarios del propio pensamiento y de la relación con los demás, esas personas que no saben explicitar sus demandas, porque no tienen una voz para explicitar racionalmente sus demandas y, por lo tanto, tienen que elegir entre la sumisión del esclavo o la rebelión brutal que lo destruye todo, porque no pueden escuchar las argumentaciones, entender dentro de la maraña de las promesas falsas lo que tiene una base lógica o unos apoyos racionales. Superar, en último término, la ignorancia es la única posibilidad de salvarse de ese proceso irracional de tener que seguir puramente las rutinas, los tópicos, los lemas y los slogans baratos. La influencia de la ignorancia es el mayor peligro de todas las democracias, empezando por las más altas y las más elevadas. El que la mayor de las democracias de nuestro planeta, que tiene no pocos problemas y que debería colaborar a resolver otros, viva obsesionada, girando en torno a los problemas ovales y orales de su Presidente con una señorita, revela realmente que la influencia de la ignorancia, la superstición, el absurdo de la vida cotidiana, puede estropear y sabotear el proyecto democrático. Contra esa ignorancia, evidentemente, es contra la que hay que luchar.

Por esto la educación y la educación ética son partes imprescindibles de cualquier formación humana. No se puede formar solamente a las personas desde el punto de vista laboral; formarles para que sepan apretar botones o para que cumplan funciones más o menos gestoras, sin haberles formado la capacidad de convivencia y ciudadanía, que no surge naturalmente de las personas. Los demócratas no surgen de las piedras naturalmente, como las flores silvestres; hay que cultivarlos, regarlos. Los griegos tenían claro que la paídeia era una parte absolutamente Imprescindible de la democracia; que precisamente, la democracia es, ante todo, una máquina de crear demócratas, si no está perdida. Para crear esos demócratas hay que formarlos, dar unos principios elementales, hay que aprender a discutir y discutir mientras se enseñan los principios.

¿Qué es lo que queremos formar como valores fundamentales de ciudadanía? En primer lugar, hay que formar la capacidad de autonomía. Vivimos en un mundo muy complejo y no se puede crear personas que van a vivir, constantemente, dependientes de autoridades, técnicos, curanderos, que los van a acompañar toda la vida y les van decir: «No comas esto, vete por aquí, no te arriesgues»; hay que crear personas capaces de autonomía, de iniciativa propia, de responsabilizarse para bien o para mal de lo que hacen; esto me parece imprescindible y tiene que ser transmitido en el momento en que aún se puede transmitir.

En segundo lugar, formar personas capaces de cooperar con los demás. Junto a la autonomía, la capacidad de cooperación es imprescindible, sobre todo en momentos en que los trabajos van a ser cada vez más aleatorios, en que las personas van a tener que trabajar en siete u ocho trabajos a lo largo de su vida; en todos ellos van a necesitar la capacidad de saber cooperar con los demás. Quien es incapaz porque no entiende lo que le dicen, porque no entiende las tareas, porque no sabe lo que es dividirse unas obligaciones con otros, y no entiende que hay que colaborar, cooperar, dividir el trabajo con los otros, está totalmente negado para lo que la vida contemporánea va a exigir.

Además de autonomía y cooperación, hace falta despertar la capacidad o la vocación de participar en la vida pública. La diferencia entre una democracia y un autoritarismo es que en la democracia somos políticos todos. Es por esto que alarma oír hablar de lo malo que son los políticos, de lo corruptos que son, y uno dice: Querrá usted decir que nos pasa a todos, porque si los políticos son corruptos, lo son porque nosotros dejamos que lo sean, porque fracasamos en nuestra propia tarea política que es el elegirles, sustituirles, controlarles, vigilarles, y en último término, presentarnos como candidatos, como una mejor alternativa frente a ellos; si eso no lo hacemos, efectivamente los políticos seguirán siendo unos corruptos; y lo seremos todos, todos los políticos dentro de un país, porque todos en una democracia somos políticos, y no hay más remedio que serlo. Lo fastidioso de las democracias es que nos obligan a tener que preocuparnos siempre por la cuestión política, y para eso hay que aprender a participar en la gestión pública de las cosas; no a dejarlas en las manos de los sabios, los técnicos, de los que vienen de fuera a resolver las cuestiones. Todos éstos son valores ético-políticos, al lado de ésos hay otros valores éticos que no necesito recordarles. Los valores de autonomía, de cooperación y de participación son los que hay que suscitar como valores de los ciudadanos que queremos; y esto de alguna manera recae sobre los educadores.

La educación es la única forma que hay de liberar a los hombres del destino, es la antifatalidad por excelencia, lo que se opone a que el hijo del pobre tenga que ser siempre pobre; a que el hijo del ignorante tenga que ser siempre ignorante; la educación es la lucha contra la fatalidad. Educar es educar contra el destino, que no hace más que repetir las miserias, las esclavitudes, las tiranías, etc. Además hay que educar para la ética, hay que saber que educar es ya, en sí, una labor ética, emancipadora. Estas cosas que se pierden en los planteamientos burocráticos, en las dudas sobre nuestras tareas, en la convicción de las dificultades que tenemos, en la hipertrofia de las tecnologías que convierte la labor personal en algo nimio y ridículo, hay que recordarlas de una manera ingenua y clara. Es lo que he intentado hacer siempre, arriesgándome a que las personas sabias meneen un poco la cabeza, y piensen: «Cuando estábamos ya tan arriba, viene este señor a recordarnos que todos nos sentamos sobre nuestro propio trasero, ¡qué ingenuidad!, cuando ya habíamos llegado a niveles más sublimes».

Alguien tiene que hacer esa labor y con mucho gusto he aceptado esa tarea de recordar ciertas cosas básicas y, sobre todo, de recordar que no hay que educar para la desesperanza. Si se educa diciendo que el mundo es un desastre, que todos los políticos son corruptos, que el sistema es omnipotente y nunca lograremos cambiarlo, que el neoliberalismo ha secuestrado el mundo y jamás podremos enfrentarnos a sus malévolas intenciones, que todo está perdido; crearemos una sociedad de pesimistas cómodos que se dedicarán a vivir, y culparán de todos los males a la situación cósmica que les ha tocado soportar.

Prefiero crear personas ingenuamente convencidas de que contra todos los males algo se puede hacer, porque éstos nunca se resolverán solos; no sé si nosotros los vamos a resolver, sé que si no los resolvemos nosotros, no se resolverán. Esto es lo que me parece que hay que transmitir con unas pautas, no digo de optimismo desenfrenado loco, pero al menos de un cierto pesimismo que acepte que hay que actuar; que algo hay que hacer, y que ese algo depende de uno.

jueves

"
"Eso es precisamente lo que la literatura debe hacer, provocar desasosiego", dice Tabucchi en el apígrafe de Los ojos del perro siberiano. ¿Es así? ¿El arte debe perturbarnos?

martes

Metáfora

La metáfora es una figura retórica que consiste en denominar, describir o calificar algo a través de su semejanza o analogía con otra cosa. Consta, pues, de tres elementos:
  • El tenor o término real es aquello de lo que en realidad se habla;
  • El vehículo o término imaginario es algo que se asemeja al término real;
  • El fundamento es la semejanza entre el tenor y el vehículo.
Así, en la predicación metafórica Tus ojos son el mar, el sintagma Los ojos es el tenor; el mar es el vehículo y el fundamento es el color azul oscuro de los ojos.
La metáfora se diferencia de la comparación (que también asocia dos términos en función de su semejanza) porque en vez de relacionar dichos términos mediante verbos que indican semejanza (Tus ojos se parecen al mar) u oraciones comparativas (tus ojos son como el mar), los une mediante el verbo ser (Tus ojos son el mar) o convirtiendo uno de los términos en complemento del nombre (El mar de tus ojos) o aposición (Tus ojos, el mar) del otro. Dado que esta diferencia es formal, muchos teóricos optan por tratar la comparación (o símil) y la metáfora como un único fenómeno, denominado a veces imagen.1
La metáfora en la que aparecen ambos términos se denomina metáfora explícita. Cuando el término real no aparece, se la denomina metáfora implícita (Los lagos de tu rostro).
Al expresar algo a partir de otra cosa, se establece (o descubre) una correspondencia (la semejanza) entre los términos identificados. Esta puede ser trivial o resultar sorprendente, en cuyo caso las palabras que expresan el término imaginario adquieren resonancias inesperadas.2 A lo largo de la historia de la literatura, se observa una progresión en la semejanza, que en un primer momento se refiere a aspectos sensibles como la forma y el color, pero va volviéndose más abstracta, hasta alcanzar un caso límite (la imagen visionaria) en que lo único que resulta semejante entre el término real y el imaginario es la emoción que ambos suscitan en el poeta.

sábado

Acentos perdidos


Acentosperdidos.blogspot.com es una iniciativa que se ha esparcido como reguero de pólvora. Subiendo imágenes al blog, participantes de todos los países de habla hispana, detectan y subsanan errores referidos a la acentuación en la vía pública. Y los suben para que todos los compartamos. De paso, divulgan las reglas ortográficas correspondientes.

Demás está decir lo que opino de las declaraciones del Sr Portales

Trabajos de los talleres


Tercer año trabajó las vanguardias, la poesía y el diseño de objetos, intervenidos a través de la imagen y la palabra de artistas vistos en clase!!!




Además, cin primero ilustramos cuentos hispanoamericanos y realizamos unas lindas revistas literarias artesanales que pueden verse en el hall del colegio hasta el fin de las clases de este ciclo 2012.

Talleres

La hermosa participación de segundo y tercero en los talleres de poesía y pintura a fin de año... acá va una muestra de lo que estuvimos haciendo!!!




Camilo Blajaquis

Aqui les dejo el enlace para el blog de Camilo Blajaquis, o César González, el poeta del que leíamos la nota de la Rolling Stone la clase pasada. Espero que les guste.

LITERATURA › LA VIDA DE CESAR GONZALEZ, LA OBRA DE CAMILO BLAJAQUIS

“Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba”

A los 21 años, después de haber estado preso desde los 16 hasta los 20, publicó La venganza del cordero atado, su primer libro de poemas. “Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente”, subraya.

 Por Silvina Friera
El aire se espesa en Morón. Se presiente la lluvia, el ataque de las gotas, como en uno de los poemas de Camilo Blajaquis, el seudónimo que eligió César González para escupir su dolor, su verdad, su poesía, cuando renació dentro de una cárcel. “¡Letras, máscara de mi herida! / Aliéntame esta tarde / que si no escribo soy piedra / y vuelvo a ser tan sólo un expediente/”, se lee en su primer libro, de título ricotero, La venganza del cordero atado (Ediciones Continente), con ilustración de Rocambole y prólogo de Luis Mattini. Dos trozos de carbón que arden; llamitas intrépidas lanzadas del presente hacia el futuro. Los ojos de César experimentan con la pequeña porción del horizonte que se deja ver desde la ventana de “Dallas”, un bar “cero burgués” –lo define—, un lugar de laburantes donde el joven juega de local desde febrero pasado, cuando salió en libertad. Su mirada se embarca en un mar de proyectos: otro libro de poemas más, el crecimiento de la revista que edita, ¿Todo piola? (ver aparte), la carrera de letras que cursa en la UBA. “Me lo bajo en un toque”, dice por el sándwich de pan francés que le acaba de servir Ubaldo Collado, dueño y mozo, sufrido hincha de Racing. Como César. Si la lluvia es el momento en que el cielo y la tierra tienen un orgasmo –como escribió en otro poema–, habrá que esperar ese encuentro. El sol empuja en cámara lenta a las nubes. “Algo le debo a mi sangre toba. Te dije que se estaba yendo la tormenta –se entusiasma, mientras comprueba que se cumple su pronóstico–; nunca le hagas caso al servicio meteorológico. Las culturas originarias de este continente miran el cielo y saben cuándo va a llover. Ahora tenemos todas las tecnologías. Y ni así le pegan.”
En menos de un minuto, César devora el sándwich. “¿Qué hacés, caradura?”, dice y saluda a Lucho, el padre de un compañero de la calle, cuando César andaba en la calle, unos seis años atrás que parecen prehistóricos. “En el barrio siempre es así, se acercan a saludarme.” El barrio es la villa Carlos Gardel, “panorama de vida que siempre tiene olor a celda, a plomo, a trabajo en negro o en gris o a traje de encargado de limpieza”, dice en el poema dedicado a ese lugar en el mundo donde nació –hace 21 años– y creció a los porrazos. Donde vive y da talleres literarios para rescatar a los pibes de un “infierno anunciado”. “No es que me levanté un día o manejé en mi cabeza, en algún momento, la idea de escribir un libro –cuenta César–. La venganza del cordero atado es un rejunte de los poemas que escribí, tan simple como eso.” Lo que no es tan simple es dónde los escribió, en institutos de menores, en la cárcel, bajo el seudónimo de Camilo Blajaquis: Camilo en homenaje al comandante Cienfuegos –uno de los líderes de la Revolución Cubana–, Blajaquis por el militante peronista asesinado en la pizzería La Real, relatado por Rodolfo Walsh en ¿Quién mató a Rosendo?
“Mi cabeza empezó a cambiar, a incorporar cosas nuevas; todo un mundo que no conocía hasta antes de caer preso, cuando me di cuenta de todo lo que se le oculta a un joven que le toca nacer en un barrio de clase baja, en una condición pobre y humilde como en la que nací. Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente. Te excluyen porque sos el negro de una villa, el negro de mierda, vas a ser chorro, obrero y nada más. El sistema te excluye y es mucho más cruel de lo que uno cree –repasa su aprendizaje–. Lo que juega es una exclusión simbólica: el de la villa es un ignorante, es un posible delincuente.” César subraya que el primer acto de su renacimiento, antes de la escritura, no fue la lectura –los libros que unas manos de mago, literalmente, acercaron a sus ojos– sino la libertad que le dio pensar. “Empecé a usar esto que tengo acá arriba –dice con el dedo índice en la sien– para algo productivo, para algo que me diera vida, que me diera fuerza. Y digo vida porque estaba muerto en vida: 16 años, seis balazos de la policía, me quedaban cinco años de cárcel; ingresé a un instituto con los clavos en las piernas, en muletas, pesando 50 kilos. Realmente estaba muerto.”
La realidad es que estaba preso –muerto en vida– en 2005. El camino de regreso a la vida tiene un nombre: Patricio “Merok” Montesano, un amigo que le acercó los libros, “un vago que daba taller de magia voluntariamente dentro de la cárcel”. “Nos trataba bien, no venía desde un lugar de profesor, ‘a ustedes, negritos, les vengo a enseñar cómo es la vida’, que es muchas veces la postura de los talleristas en la cárcel. El nos trataba como personas, no como monstruos. Nos enseñaba un truco de magia y nos hablaba de Walsh, de Cooke, del Che, de lo que pasó en los ’70. Nos hablaba de arte, de poesía, de cultura –enumera ese torbellino de novedades que lo asaltaron–. Al principio no le di mucha importancia, ‘este loco de mierda, qué me importa lo que dice, si total a mí me quedan un montón de años’. Pero venía en serio, con pureza, para ayudar.” El mago vaya si ayudó. Le prestó De Ernesto al Che, de Calica Ferrer. “Antes de ese libro yo no sabía, por ejemplo, que el Che era argentino, ni qué había hecho, ni cuáles eran sus ideales, ni por qué luchó –reconoce César–. Ese libro me sirvió para darme cuenta de que uno puede hacer un click en la vida, como lo hizo el Che. Y comenzaron las preguntas, aparecieron los porqué: por qué nací en una villa, por qué tuve que ser pobre, por qué tuve que nacer en un contexto de mierda, por qué tuve que saber a los 7, 8 años que existe la cocaína, el porro y que vivo en un barrio donde eso es frecuente y la cultura es ésa.”
La seguidilla de preguntas productivas se multiplicaban; estaba encerrado, pero no anestesiado. No sabía qué esperaba, pero algo llegaría. “¿Hubiese terminado en una celda si no hubiese nacido en una villa? Si nueve de cada diez de los que estábamos en la cárcel éramos de una villa. ¿Qué hubiese pasado si hubiese nacido en otro contexto? Realmente no sé, pero considero que en la cárcel no hubiese terminado con 16 años, baleado, adicto a las drogas como era. Se cayó la venda de mis ojos con mucha rabia. No quería darle el gusto al sistema, a la sociedad, que quiere que terminemos en la cárcel. Y fue una ruptura.”
–Y la rabia lo llevó a la lectura...
–Sí, a leer, a informarme, a llenarme de argumentos. Fue un renacimiento; el concepto de renacimiento en la historia de la humanidad es salir de la oscuridad de la Edad Media, de las tinieblas del oscurantismo. De repente aparecen Galileo, Da Vinci, Copérnico, otra corriente de filosofía con Descartes, los inventores, los pintores. Mi renacimiento fue gracias a la cultura. ¿Sabés por qué hablo de rabia?
–No.
–Porque no es lo mismo que alguien de clase media piense a que lo haga un pibe de clase baja. Si el de clase baja tiene conciencia de clase, la potencia que tiene ese pensamiento es mucho más explosiva que la de la clase media, en el sentido de rebelarte. Fue lo que me pasó a mí: tener conciencia de clase, pero no haciendo una separación porque yo soy de abajo, pero no quiero que se muera el de arriba. No. Yo pensaba todo esto, pero seguía dentro de una celda. No sabía que el día de mañana iba a publicar un libro, a hacer una revista...
–Tocó fondo: o se hundía del todo o flotaba y salía a la superficie, que es lo que hizo.
–Exactamente, pero una vez que llegué a flotar, había que remar porque estaba en el medio del mar y no había remos. Había que remar y no había balsa, había que remar y no había isla para naufragar. Me pegaron en la cárcel por leer, por escribir, por pensar, paradójicamente. La sociedad dice que en la cárcel estamos mejor, que los derechos humanos son sólo para los chorros... y uno escucha todo ese discurso de que nos gusta esa vida en la cárcel, que no hacemos nada. A mí no me gustaba esa vida y decidí hacer otra cosa: leer, terminar el secundario, recibirme. Pero no recibí un abrazo de la sociedad; recibí piñas, me quebraron los tobillos, me rompieron un diente; sufrí miles de requisas por leer y escribir. Me di cuenta de que la sociedad prefiere que los pibes roben, que se droguen antes que accionen y piensen. Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba. Cuando un pibe en este país pensó y accionó, lo torturaron, lo masacraron y no apareció más.
–En un poema se lee que una psicóloga dijo que no podía ser escritor. ¿Fue así?
–“Y esa piña duele más que la del guardia”... puse en ese poema. Siempre recuerdo el día que escribí mi primer poema y se lo llevé a una psicóloga que tenía en el Instituto Belgrano. Lo había escrito la noche anterior después de leer una crónica de Arlt en Aguafuertes porteñas que me había gustado mucho. Seguramente estaría lleno de limitaciones; al principio escribía con rima, no podía escaparle a eso (risas). Había sentido un vómito que me daba libertad. Algo se había desatado, el candado se había quebrado cuando escribí ese poema. No es una figura menor el psicólogo dentro de la cárcel; es el juez cotidiano de tu vida. Yo le llevaba un poema que me había hecho sentir persona... Yo me odié mucho tiempo, pero llegó un momento en que ese odio lo transformaba en violencia o en poesía. La psicóloga dejó el papel a un costado y me dijo: “Muy lindo esto, pero cuando salgas tenés que trabajar. Vos cometiste un delito, tenés que resarcir a la sociedad y la única forma es que te rompas el lomo trabajando. Con esto –por el poema– no resarcís el daño. Esto puede ser muy lindo, un pasatiempo, pero tenés que trabajar. A ver si se te mete en la cabeza...”. Y no fue una mala experiencia como argumentan algunos psicólogos para que me quede tranquilo. ¡Las pelotas fue una mala experiencia! Tuve doce psicólogos diferentes y todos me dijeron lo mismo. Ninguno me leyó un poema. Yo necesitaba que alguien lo leyera, que me dijera: “Está feo, pero vas bien”. Era un acontecimiento para mí, pero me lo negaban, lo reprimían. Cuando se lo di a Patricio, me dijo: “¿Es la primera ves que escribís? Seguí, probá, no está nada mal”. Y me trajo libros de poesía. ¿Te das cuenta la función de uno y otro? Uno estaba para ayudar, los psicólogos para reprimir.
–¿Por qué dice en un poema que “aunque no parezca soy poeta, soy un optimista”?
–Ese poema es una trompada tras otra, pero lo escribí en otro momento. Eso fue hace tres años, cuando pensaba que la política eran los políticos, pero ahora sé que es una herramienta. Si los políticos en nombre de la política hicieron desastres, la palabra no tiene la culpa. Hay optimismo en el escenario político argentino y hasta noto cierta alegría. La naturaleza de los barrios bajos es el peronismo obrero. No puedo desconocer eso; y con más facilidad me doy cuenta de que este gobierno se corresponde con esa naturaleza, que este gobierno está relacionado directamente con los intereses populares y me siento identificado. Yo viví en una casa de material y chapa toda la vida. Hoy tenemos una casa digna con calefón, cocina y agua caliente. Pero tampoco me encierro en una etiqueta ideológica. Soy peronista, pero lo que menos me gusta del peronismo es Perón. Para mí el peronismo es una esencia colectiva; por eso me siento identificado con esa subjetividad colectiva que resistió 18 años. Soy eso, pero también marxista y me gusta la filosofía, el rock y el reggae. Decir “soy esto” es autolimitarse, autoexcluirse. Yo quiero seguir creciendo y seguir siendo cada vez más cosas.
–¿Qué pasó con su lenguaje cuando salió de la cárcel? ¿Cambió?
–Sí, empecé la facultad, estoy en nuevos ambientes con gente que habla diferente. Pero el lenguaje es muy amplio; en mi barrio si tengo que hablar con los pibes, hablo así también. Soy así siempre, pero tampoco en exceso porque si me hago el académico me van a decir: “¿Qué estás hablando, gil?” (risas). Pero no me gusta el estereotipo y simular que soy villero y tener que comerme las eses y decir: “Ey, guacho”. Ya venía incorporando nuevas palabras a mi vocabulario desde la lectura. ¿Vos te pensás que hablaba así cuando caí en cana? Usaba la misma cantidad de palabras para hablar siempre de lo mismo: a quién le choreamos, cuánto hiciste, cuánta merca compramos, anda la yuta... No salía de ahí. Ahora no tengo odio, y eso que me sobraban los argumentos para odiar, para salir de la cárcel con ganas de matar. Sigo escribiendo poesía, estoy preparando mi segundo libro. Necesito escribir como el adicto necesita de su dosis. Mi dosis es escribir porque me corre la poesía por las venas. Y que por mis venas corra poesía es lo que me hace también experimentar una sobredosis de esperanza.