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sábado

Martín Fierro

Adaptación del libro de José Hernández al cine de animación, con dibujos de Fontanarrosa, que fue además escritor y humorista. Recomenble!

Unitarios y federales

Entre
1820 y 1852, diversos grupos sociales con proyectos políticos diferentes se
enfrentaron en los intentos por constituir un Estado en las Provincias Unidas
del Río de la Plata.
La diferencia entre los proyectos enfrentados surgía —en primer lugar de la
forma de organización política que proponían para el nuevo Estado: unos el
centralismo y otros el federalismo. Por esto, es conveniente precisar en qué
consistía, jurídicamente, esa diferencia.

La organización política de un Estado puede adoptar, básicamente, dos formas:
el centralismo o el federalismo. En el centralismo también llamado uni­dad de
régimen , todos los niveles de gobierno están subordinados al poder central.
Además, un régimen centralista generalmente unifica la legislación y la
administración en todo el país más allá de particularidades regionales o
diversidades culturales. El federalismo, en cambio, se basa en la asociación
voluntaria o federación de Estados o poderes regionales, que delegan algunas de
sus atribuciones para constituir el Estado o poder central.
Para comprender mejor el período de la historia argentina estudiado, debe
descartarse la mal planteada antinomia entre porteños centralistas o unitarios
y provinciales federales. Federales y unitarios los hubo tanto en las
provincias interiores como en Buenos Aires.
Después de 1810, los pueblos de las provincias interiores mostraron un fuer­te
localismo en defensa de sus intereses, que entraban en colisión con los in­tereses
de Buenos Aires. Más tarde, muchos gobiernos provinciales comen­zaron a
declararse federales cuando advirtieron que la centralización política
fortalecía los históricos privilegios de a ciudad puerto de Buenos Aires. La
forma unitaria de gobierno fue sostenida no sólo por grupos porteños sino
también por os grupos sociales del interior cuyos ingresos dependían de acti­vidades
económicas relacionadas con el puerto de Buenos Aires, Se traté además de una
reacción de las más antiguas y poderosas familias que controlaban los gobiernos
provinciales frente al creciente poder de los nuevos jefes rurales.
Todos los gobiernos provinciales que se declararon federales también
expresaron, unos en forma más explícita que otros, su voluntad de constituir e
país. Para ellos, la constitución era un instrumento adecuado para terminar con
los privilegios de Buenos Aires, Una constitución federal podía respetar la
autonomía provincial de Buenos Aires y, al mismo tiempo, garantizar los
derechos de todas las provincias a participar en la distribución de los ingresos
del puerto de Buenos Aires, a través de un Estado central.
De acuerdo con los principios doctrinarios, los federales se oponían a un
régimen de gobierno unitario en defensa de las autonomías provinciales. Pero en
la provincia de Buenos Aires, la defensa de la autonomía provincial s
transformó en una justificación para no ceder la ciudad y el puerto de Buenos
Aires a un Estado central.
Por esta razón, entre los federales se distinguieron dos grupos: los federales
doctrinarios y los autonomistas bonaerenses. Estos últimos se enfrentaron tanto
a los unitarios como a los federales doctrinarios.
Desde 1828, el autonomísmo de Buenos Aires se fue identificando cada vez más
con Juan Manuel de Rosas —representante de los intereses de tos hacendados y
terratenientes de la provincia—. Desde su gobierno sostuvo que antes de
organizar la federación las provincias debían mejorar sus respectiva5
administraciones, y evité nuevos intentos de constitución de un Estado central,
En la práctica, la ciudad y el puerto de Buenos Aires continuaron siendo el
centro organizador de la economía y de a sociedad del nuevo país. Y los
gobiernos federales de las provincias del Litoral y del interior siguieron
reclamando al gobierno federal de Buenos Aires la libre navegación de los ríos y
aranceles de aduana que protegieran sus industrias locales.
Manuel Dorrego —militar veterano de las luchas contra los realistas— fue un
federal convencido que se opuso a la Constitución de 1826, pero no coincidía en
todo con los caudillos provinciales. Se lo reconoce como el jefe de los
federales doctrinarios porque, para él, el federalismo era una doctrina
política de sólidos fundamentos jurídicos (y no la simple autonomía sostenida
por la fuerza de un régimen autocrático, como lo entendían los caudillos, según
su opinión). Para Dorrego el federalismo era una garantía del régimen
republicano y de la libertad, y el mejor camino para estimular la cultura, la
población y la riqueza del país.
El hacendado Juan Manuel de Rosas fué el jefe de los federales bonaerenses que
defendían la autonomía de la provincia de Buenos Aires. Formaban parte de este
grupo comerciantes con capital como Braulio Costa, y hacendados y
terratenientes como Tomás de Anchorena, Juan N. Terrero y José María Rojas.

lunes

Presidencias Argentinas

Acá les dejo un enlace para la galeria de presidentes del sitio de la Casa Rosada, espero que les sirva para la actividad  que planteamos cuando comenzamos a leer El Matadero. Suerte!!

martes

Libros y armas

"Una de estas dos niñas está sosteniendo algo que, para proteger a los niños, está prohibido en Estados Unidos"

(La respuesta es el libro Caperucita Roja que está prohibido en algunas zonas de EEUU). Polémica campaña de las madres Estadounidenses para reclamar más control sobre las armas.

miércoles

Savater. Fragmento de ensayo

Savater, Fernando. Fragmento del discurso con motivo de su Doctor Honoris Causa en la Univ de Caracas.


La ignorancia a la que se refiere Galbraith no creo que sea simplemente la ignorancia del que ignora un dato, una noticia, eso nos pasa a todos: no sé quién es el padre de Fulanito, o qué cabos hay en el extremo norte de Alaska. Creo que la ignorancia a la que se refiere Galbraith es la ignorancia de esos valores necesarios del propio pensamiento y de la relación con los demás, esas personas que no saben explicitar sus demandas, porque no tienen una voz para explicitar racionalmente sus demandas y, por lo tanto, tienen que elegir entre la sumisión del esclavo o la rebelión brutal que lo destruye todo, porque no pueden escuchar las argumentaciones, entender dentro de la maraña de las promesas falsas lo que tiene una base lógica o unos apoyos racionales. Superar, en último término, la ignorancia es la única posibilidad de salvarse de ese proceso irracional de tener que seguir puramente las rutinas, los tópicos, los lemas y los slogans baratos. La influencia de la ignorancia es el mayor peligro de todas las democracias, empezando por las más altas y las más elevadas. El que la mayor de las democracias de nuestro planeta, que tiene no pocos problemas y que debería colaborar a resolver otros, viva obsesionada, girando en torno a los problemas ovales y orales de su Presidente con una señorita, revela realmente que la influencia de la ignorancia, la superstición, el absurdo de la vida cotidiana, puede estropear y sabotear el proyecto democrático. Contra esa ignorancia, evidentemente, es contra la que hay que luchar.

Por esto la educación y la educación ética son partes imprescindibles de cualquier formación humana. No se puede formar solamente a las personas desde el punto de vista laboral; formarles para que sepan apretar botones o para que cumplan funciones más o menos gestoras, sin haberles formado la capacidad de convivencia y ciudadanía, que no surge naturalmente de las personas. Los demócratas no surgen de las piedras naturalmente, como las flores silvestres; hay que cultivarlos, regarlos. Los griegos tenían claro que la paídeia era una parte absolutamente Imprescindible de la democracia; que precisamente, la democracia es, ante todo, una máquina de crear demócratas, si no está perdida. Para crear esos demócratas hay que formarlos, dar unos principios elementales, hay que aprender a discutir y discutir mientras se enseñan los principios.

¿Qué es lo que queremos formar como valores fundamentales de ciudadanía? En primer lugar, hay que formar la capacidad de autonomía. Vivimos en un mundo muy complejo y no se puede crear personas que van a vivir, constantemente, dependientes de autoridades, técnicos, curanderos, que los van a acompañar toda la vida y les van decir: «No comas esto, vete por aquí, no te arriesgues»; hay que crear personas capaces de autonomía, de iniciativa propia, de responsabilizarse para bien o para mal de lo que hacen; esto me parece imprescindible y tiene que ser transmitido en el momento en que aún se puede transmitir.

En segundo lugar, formar personas capaces de cooperar con los demás. Junto a la autonomía, la capacidad de cooperación es imprescindible, sobre todo en momentos en que los trabajos van a ser cada vez más aleatorios, en que las personas van a tener que trabajar en siete u ocho trabajos a lo largo de su vida; en todos ellos van a necesitar la capacidad de saber cooperar con los demás. Quien es incapaz porque no entiende lo que le dicen, porque no entiende las tareas, porque no sabe lo que es dividirse unas obligaciones con otros, y no entiende que hay que colaborar, cooperar, dividir el trabajo con los otros, está totalmente negado para lo que la vida contemporánea va a exigir.

Además de autonomía y cooperación, hace falta despertar la capacidad o la vocación de participar en la vida pública. La diferencia entre una democracia y un autoritarismo es que en la democracia somos políticos todos. Es por esto que alarma oír hablar de lo malo que son los políticos, de lo corruptos que son, y uno dice: Querrá usted decir que nos pasa a todos, porque si los políticos son corruptos, lo son porque nosotros dejamos que lo sean, porque fracasamos en nuestra propia tarea política que es el elegirles, sustituirles, controlarles, vigilarles, y en último término, presentarnos como candidatos, como una mejor alternativa frente a ellos; si eso no lo hacemos, efectivamente los políticos seguirán siendo unos corruptos; y lo seremos todos, todos los políticos dentro de un país, porque todos en una democracia somos políticos, y no hay más remedio que serlo. Lo fastidioso de las democracias es que nos obligan a tener que preocuparnos siempre por la cuestión política, y para eso hay que aprender a participar en la gestión pública de las cosas; no a dejarlas en las manos de los sabios, los técnicos, de los que vienen de fuera a resolver las cuestiones. Todos éstos son valores ético-políticos, al lado de ésos hay otros valores éticos que no necesito recordarles. Los valores de autonomía, de cooperación y de participación son los que hay que suscitar como valores de los ciudadanos que queremos; y esto de alguna manera recae sobre los educadores.

La educación es la única forma que hay de liberar a los hombres del destino, es la antifatalidad por excelencia, lo que se opone a que el hijo del pobre tenga que ser siempre pobre; a que el hijo del ignorante tenga que ser siempre ignorante; la educación es la lucha contra la fatalidad. Educar es educar contra el destino, que no hace más que repetir las miserias, las esclavitudes, las tiranías, etc. Además hay que educar para la ética, hay que saber que educar es ya, en sí, una labor ética, emancipadora. Estas cosas que se pierden en los planteamientos burocráticos, en las dudas sobre nuestras tareas, en la convicción de las dificultades que tenemos, en la hipertrofia de las tecnologías que convierte la labor personal en algo nimio y ridículo, hay que recordarlas de una manera ingenua y clara. Es lo que he intentado hacer siempre, arriesgándome a que las personas sabias meneen un poco la cabeza, y piensen: «Cuando estábamos ya tan arriba, viene este señor a recordarnos que todos nos sentamos sobre nuestro propio trasero, ¡qué ingenuidad!, cuando ya habíamos llegado a niveles más sublimes».

Alguien tiene que hacer esa labor y con mucho gusto he aceptado esa tarea de recordar ciertas cosas básicas y, sobre todo, de recordar que no hay que educar para la desesperanza. Si se educa diciendo que el mundo es un desastre, que todos los políticos son corruptos, que el sistema es omnipotente y nunca lograremos cambiarlo, que el neoliberalismo ha secuestrado el mundo y jamás podremos enfrentarnos a sus malévolas intenciones, que todo está perdido; crearemos una sociedad de pesimistas cómodos que se dedicarán a vivir, y culparán de todos los males a la situación cósmica que les ha tocado soportar.

Prefiero crear personas ingenuamente convencidas de que contra todos los males algo se puede hacer, porque éstos nunca se resolverán solos; no sé si nosotros los vamos a resolver, sé que si no los resolvemos nosotros, no se resolverán. Esto es lo que me parece que hay que transmitir con unas pautas, no digo de optimismo desenfrenado loco, pero al menos de un cierto pesimismo que acepte que hay que actuar; que algo hay que hacer, y que ese algo depende de uno.

martes

Metáfora

La metáfora es una figura retórica que consiste en denominar, describir o calificar algo a través de su semejanza o analogía con otra cosa. Consta, pues, de tres elementos:
  • El tenor o término real es aquello de lo que en realidad se habla;
  • El vehículo o término imaginario es algo que se asemeja al término real;
  • El fundamento es la semejanza entre el tenor y el vehículo.
Así, en la predicación metafórica Tus ojos son el mar, el sintagma Los ojos es el tenor; el mar es el vehículo y el fundamento es el color azul oscuro de los ojos.
La metáfora se diferencia de la comparación (que también asocia dos términos en función de su semejanza) porque en vez de relacionar dichos términos mediante verbos que indican semejanza (Tus ojos se parecen al mar) u oraciones comparativas (tus ojos son como el mar), los une mediante el verbo ser (Tus ojos son el mar) o convirtiendo uno de los términos en complemento del nombre (El mar de tus ojos) o aposición (Tus ojos, el mar) del otro. Dado que esta diferencia es formal, muchos teóricos optan por tratar la comparación (o símil) y la metáfora como un único fenómeno, denominado a veces imagen.1
La metáfora en la que aparecen ambos términos se denomina metáfora explícita. Cuando el término real no aparece, se la denomina metáfora implícita (Los lagos de tu rostro).
Al expresar algo a partir de otra cosa, se establece (o descubre) una correspondencia (la semejanza) entre los términos identificados. Esta puede ser trivial o resultar sorprendente, en cuyo caso las palabras que expresan el término imaginario adquieren resonancias inesperadas.2 A lo largo de la historia de la literatura, se observa una progresión en la semejanza, que en un primer momento se refiere a aspectos sensibles como la forma y el color, pero va volviéndose más abstracta, hasta alcanzar un caso límite (la imagen visionaria) en que lo único que resulta semejante entre el término real y el imaginario es la emoción que ambos suscitan en el poeta.

domingo

Cumpleaños del cronopio

Cortito y al pie, una síntesis de una vida que difícilmente nos deje indiferentes.

Borges

Acá van algunos datos del poeta y narrador argentino que vamos a empezar a leer en clase. Después de Arlt, va a ser un cambio interesante. Ojalá les guste.

miércoles

Narrador


NARRADORES Y PUNTO DE VISTA

 

El punto de vista es el ángulo de visión que adopta el narrador para contarnos la historia. Por eso se habla también de focalización: el punto óptico del narrador se convierte en un foco que alumbra a los personajes y sus acciones. Los tipos de narradores más importantes son los siguientes:

- Narrador protagonista
El protagonista nos cuenta con sus propias palabras lo que siente, piensa, hace u observa. La acción del relato es la historia de ese personaje y todos los demás existen a través de él. Si el narrador se limita a contar aquello que ve y hace, la narración será externa y objetiva. Si además emite sus pensamientos, sentimientos y elucubraciones, la narración será interna y subjetiva. A veces se da la situación de que el protagonista no llega a comprender lo que le pasa, mientras que el lector goza del privilegio de entender aquello para lo que el protagonista está ciego. Otras veces el personaje habla consigo mismo y la narración se convierte en un monólogo interior, lo que entrega el relato a vaivenes de la mente, desórdenes de pensamiento, espantos e ilusiones. James Joyce en su famoso Ulises lleva esta técnica hasta el extremo. El ejemplo por antonomasia de narrador protagonista sería el de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

- Narrador testigo
En este caso el narrador queda en los márgenes del relato, es decir, no es el protagonista sino un personaje secundario que nos cuenta las andanzas del primero. Puede ser un viejo amigo, un pariente, un vecino o un simple transeúnte. Un caso claro de narrador testigo es el Doctor Watson, que nos refiere las aventuras de Sherlock Holmes, un personaje con más peso en la narración que él. También la mayoría de la novela negra americana ha sido narrada utilizando este narrador testigo, que no es sino el detective (Philip Marlowe en las novelas de Raymond Chandler, Sam Spade en las de Dashiell Hammet, etc.) que comienza a investigar una trama y que no sabe más que el lector acerca de ella. De esta forma se sostiene la tensión narrativa, pues el lector va descubriendo e intrigándose con las mismas cosas que el detective. Esta forma de narrar no da acceso a la vida interior del protagonista más que de una forma limitada. El narrador testigo no puede referirnos lo que piensan o sienten los personajes sino a través de sus gestos.

- Narrador Omnisciente
Este tipo de narrador es Dios en el microcosmos de la historia. Lo sabe todo: el principio y el final de la narración; lo que los personajes sienten, piensan y hacen; lo que deberían haber hecho y no hicieron; lo que soñaron y no recuerdan. Es un Dios que penetra en el interior de la conciencia de los habitantes del relato, desvela los escondites de su personalidad y, en ocasiones, tiene la osadía de juzgarles. Por otra parte, esta divinidad es ubicua espacial y temporalmente; puede decirnos el pasado y el futuro y cambiar de lugar para estar en dos sitios a la vez, puede contarnos hechos que no han presenciado ninguno de los protagonistas o escondernos otros que alguno ha vivido. Selecciona a su gusto y elige la distancia con que narrar la historia. Este tipo de narrador se usaba mucho en las novelas del siglo XIX, y ejemplos claros son las de Balzac, Tolstoi o Flaubert.

- Narrador cuasi-omnisciente
Imaginemos una cámara de cine: con ella podemos seguir a los personajes adonde vayan, observar sus gestos y sus reacciones, saber de sus lágrimas, gritos, palideces y rubores, pero será el lector quien interprete las emociones de los personajes y no el narrador. Tendremos conocimiento de sus actos, pero nunca podremos penetrar en su mente o saber lo que han soñado esa noche. Podremos presentar al personaje agitándose durante el sueño o despertándose violentamente en medio de la noche (pues el objetivo de la cámara puede penetrar en todos los espacios del relato), pero para saber el contenido de su pesadilla necesitamos que se la cuente a alguien para que el micrófono de la cámara pueda captar su voz. El narrador cuasi-omnisciente deja de ser dios, y se diferencia del narrador testigo en que no es un personaje y, por tanto, no ha de estar presente en el desarrollo de la acción: si los personajes están dialogando en una celda, por ejemplo, el narrador testigo habría de estar encerrado en esa celda, mientras que el cuasi-omnisciente puede relatarnos lo que ocurre allí donde ningún otro hombre puede llegar.Ejemplos de este tipo de narrador nos los da la generación de la mirada o noveau roman, una de cuyas representantes es Marguerite Duras y su famosa novela El amante, en que se mezcla un narrador protagonista (la chica) con uno cuasi-omnisciente que nos relata las acciones de forma absolutamente cinematográfica.

lunes

Cambiando las cosas

Interesantísmo vídeo acerca de la necesidad de cambiar nuestra forma de enseñar, y la forma de aprender, de todos.

Papelón

Los-alumnos-argentinos-campeones-en-indisciplina-a-nivel-mundial, en este informa, que se hace cada varios años a nivel mundial, los adolescentes argentinos quedaron últimos en una lista de 75 países de alrededor del mundo. Primero quedó Japón, seguido por varios países asiáticos. Tam bién es preocupante el porcentaje de alumnos que tienen una mala o deficitaria comprensión textual. Para pensar un poco, no? Entre todos, digo, uds y yo?
Acá les dejo un enlace con información simple y accesible acerca de la Revolución del 25 de Mayo, espero que les sirva a aquellos que colaboran con las carteleras y la planificación del acto patrio. Saludos y nos vemos en clase!

Para El Matadero

Programa radial con  Felipe Pigna donde se desarrolla este período histórico. Muy útil a la hora de entender el trasfondo político de los textos que conforman los inicios de la literatura en la Argentina. Y nuestros inicios son muy politizados, el primer cuento argentino (éste que estamos leyendo) narra la muerte de un unitario a manos de un grupo de federales. Pinta tu aldea, dice el refrán, y pintarás el mundo.

domingo

Minicuentos

Chicos de tercero y cuarto, en este blog hay minicuentos y enlaces a blogs de relatos hiperbreves que les pueden venir bien para los trabajos que hagamos en clase.
Buen fin de semana y nos vemos en clase!

Atención... géneros

Cuarto año, recuerden que los materiales de la prueba de la semana que viene están en el blog, para aquellos que aún no tengan cuadernillo. Introducción a la literatura y La cuestión de los géneros. Suerte y nos vemos en clase!!